Género
Jazz Ballad Piano
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La balada de jazz es menos un repertorio fijo que un tempo y un temperamento: un estándar del cancionero estadounidense, o un original en ese espíritu, tomado con la lentitud suficiente para que la armonía misma se convierta en el asunto. Donde un tema rápido atraviesa sus acordes a la carrera, una balada se demora en cada uno, de modo que el oficio del pianista se juega en el toque, el voicing y el tiempo antes que en la velocidad. El ambiente es nocturno, sacado de las horas pequeñas después de que el club se ha vaciado. Duke Ellington trazó sus contornos temprano: su pieza solista de 1953 Reflections in D es exuberante y sin prisa, una balada en todo salvo en el nombre.
La figura más ligada a la forma es Bill Evans (1929-1980), cuya armonía impresionista y cuyo toque callado y cantado transformaron la manera en que los pianistas pensaban los tempos lentos. Evans construía acordes en voicings cerrados y ambiguos que algo debían a Debussy y a Ravel, y los dejaba sonar en vez de hacerlos anunciarse. Su trío con el contrabajista Scott LaFaro y el baterista Paul Motian, grabado en directo en el Village Vanguard en 1961, convirtió la balada en una conversación entre tres voces iguales. Waltz for Debby, el tema tierno que nombró por su sobrina pequeña, se volvió un estándar por derecho propio.
Lo que define el estilo es el espacio. El rubato afloja el tiempo para que una frase pueda respirar, y una sola nota sostenida puede pesar tanto como una carrera entera. Pianistas posteriores, Keith Jarrett entre ellos, extendieron esa paciencia hasta interpretaciones solistas largas y exploratorias.